miércoles, 17 de julio de 2013

Búsqueda de piso

Decir en primer lugar que la búsqueda de piso en cualquier parte puede ser bastante frustrante, ya he tenido que buscar en otras ocasiones y siempre barajas, al menos, tres variables: localización, estado y precio. Normalmente las tres están directamente relacionadas, es decir, a mejor localización y mejor estado, mayor precio, pero normalmente tienes que quedarte con dos de ellas y la otra desecharla, así si buscas buena localización y precio es estado será deplorable, y si te quedas con precio y estado la localización no será la que buscas. Eso por supuesto también se cumple en Dubái. 
Cómo buena estadística que soy, doy peso a cada una de las variables, así por ejemplo como es éste caso el mayor peso lo tiene el precio, después el estado y después la localización. Y aquí es dónde ésta estadística se equivoca… En Dubái no sólo es importante la localización, también lo es el factor atasco. Por ejemplo, en mi caso, he encontrado un piso a 9 minutos de mi trabajo, en unas condiciones aceptables y pasándome del presupuesto que tenía 200 euros al año, peeero que por un giro sorprendente de los acontecimientos (a alguien más ducho en territorio emirati no le parecería tan sorprendente) hace que tarde cerca de una hora en ir y otra en volver a casa, y que está como he dicho en otras ocasiones en el hermano pobre y feo de Dubái, Sharjah.
¿Qué significa vivir en Sharjah? Aparentemente nada, hurgando una miaja (que dirían en mi pueblo) te das cuenta de que sí, sí hay diferencias. Pero eso lo trataré otro día, hoy este post va de la búsqueda de piso.
En primer lugar os pondré al día de cómo se busca un piso, tenemos 3 opciones:
  1. Internet, periódicos o similares
  2.  Amigos
  3. Pasearte buscando piso

Nada especialmente diferente de como se hace en nuestra tierra, pero la diferencia importante está en la tercera opción. En Spain, eliges zona y te la pateas y empiezas a llamar a teléfonos en aquellas casas en las que ves colgado un cartelito de “se alquila”, o bien, en ciudades como Madrid o Barcelona, o zonas especialmente pijas de provincias hablar con el portero de turno cuando al cartelito le acompaña un “razón portería”. 
Muy bien, aquí directamente tienes dos opciones, pasearte y llamar a números gigantes que aparecen en los edificios para ver si hay alguno libre (sí amiguitos, edificio por edificio) y cambiemos patear por ir en coche; o mantener conversaciones absurdas con los porteros de los edificios. No hay un cartel de se alquila, y ese número suele pertenecer a una compañía que tiene varios edificios y casualmente en el que tú estás aparcada no hay ninguno libre, pero uno en la otra punta de la ciudad tiene justo un piso con las características que tú estás buscando, pero al que se complica hasta el infinito llegar a él.
Pero iré despacio y no adelantaré acontecimientos. En la empresa me lo pusieron fácil en principio. Me dieron la semana libre y un teléfono móvil para buscar casa. Debería haber buscado una habitación en un piso compartido, pero creo que si lo hubiera hecho ahora mismo estaría preparando las fiestas de la Magdalena, y no aquí. Hubiera tirado la toalla hace tiempo.
El caso es que en mi afán de conseguirlo todo por el módico presupuesto que me daba la empresa para la casa (uno de mis errores de cálculo imperdonables y olvidando la idea con la que abría este post), me lancé a la conquista de un hogar. Primero busqué por internet algo amueblado y cerca del trabajo (sin conocer la zona en la que trabajo). Se salía del presupuesto. Aumenté el radio de acción y encontré una zona perfecta: pisos amueblados, bastante asequibles y no muy lejos del trabajo. ¡ERROR! Esa zona está al lado del centro comercial favorito de mi madre, bueno el segundo, un megamall de chinos (aviso a navegantes, los únicos chinos que encontraréis en Dubái están aquí), y con un tráfico horrendo (recordemos, variable tráfico importante). El caso es que allí me encaminé. En si la zona no está mal y las casas a lo lejos, de colorines y con pinta de urbanización están bien, hasta que te acercas, y hasta que las ves por dentro… Entre los olores y el estado de las calles… En fin, salí huyendo. No sin antes dar la oportunidad a un par de casas… Ratas chicos, vi ratas y en Dubái no hay ratas, hay cucarachas, pero no hay ratas. Sólo he visto ratas en esa zona. Imaginaos cómo es que me llevo un chófer de la compañía (aún no me habían dado mi coche de alquiler) y le dije que no se preocupara que ya si eso me cogía un taxi, y me dijo que no me dejaría sola. Pero eh, soy una mujer moderna, puedo con eso… En fin, primer día, desastre. No nos desanimemos, tenemos la semana por delante…
Descartada esa primera zona pasamos a la segunda, lejos de coj… Muy muy lejos. Cerca de dónde se va a trasladar la oficina, pero lejos de ésta en la que trabajo ahora y lejos de cualquier asentamiento humano. Estudios monísimos y muy de diseño y mucho occidental, en mitad de ninguna parte. Nada en kms. En un futuro una zona residencial del copón. Yo creo que cuando los simios dominen el planeta, dada la caída bastante importante que veo en la construcción desde que estuve la vez anterior. En fin, va a ser que no, y ya estamos a miércoles…
Mi jefe a todo lo que le comentaba de los pisos me decía: genial, buenísima zona. Y lo mismo mis compañeros, una gran ayuda… Por fin mi jefe me da otra idea entre la zona de las ratas y la desértica. Bieeeen Bollywood! Aparte de perderme en varias ocasiones, los pisos un desastre en una zona digamos que especial, para terminar yendo a ver un piso a la zona de las ratas, ¿por qué? Porque cómo ya he comentado en otras ocasiones a veces parezco rubia y nueva, y soy una bienqueda. Miércoles que ha pasado y seguimos sin piso, y además ni la más remota idea de dónde buscar. Informaré para el que no lo sepa que el jueves es el último día de la semana laboral, y el viernes no hay oficinas.
Jueves y me encuentro en una encrucijada. No quiero que me den más días libres, ya me siento suficientemente mal, ni quiero seguir en el hotel que les está costando una pasta y en el que además yo estoy incómoda. Me planteo volver al desierto y me dan 2 plantones, y un piso que me convencía más o menos ya se lo han dado a otro. Ahhh y a eso podemos sumarle mi incapacidad para comunicarme con los hindúes por teléfono, así que es posible que no me dieran plantón y yo hubiese entendido mal todo.
El viernes me recorro una zona completamente nueva para mí y cerca del trabajo recopilando teléfonos. El sábado me dedico a llamar y a desesperarme porque no hay nada libre. Y el domingo llego estresada y triste a trabajar y diciéndole a mi jefe que no he encontrado nada. Me mira con cara de pocos amigos y diciéndome que no entiende como en una semana no he encontrado casa. Cómo un favor personal decide compartir conmigo una información mega secreta y que al parecer hasta ese día no le pareció importante comunicar, en el edificio justo enfrente de la oficina hay estudios por el valor que él ha tenido a bien darme y le han comentado la semana pasada que hay pisos libres… Pedazo de mamón, y no puedes decírmelo antes que me has visto desesperada mirando internet y llamando. Bueno, me encamino y resulta que sí, que hay pisos libres, pero que pertenecen a la compañía Emirates y son para azafatas y pilotos. De esto me enteré por el tercer portero, los otros dos parecían incapaces de comunicarse más allá del “yes ma’am” “no ma’am”. Vale, me voy a Sharjah y que sea lo que Dios quiera. Tras una llamada un tanto impertinente de mi jefe diciéndome lo mucho que había hecho la empresa por mí y que hiciese el puñetero favor de coger una casa ya, encontré mi apartamento, o me conformé con él por miedo a futuras represalias, eso no lo sabremos... Pero los problemas que yo creía resueltos no habían hecho más que empezar…

Pero este post ya ha quedado suficientemente largo así que lo contaré en otra ocasión, al fin y al cabo este iba de la búsqueda de piso y ya lo he encontrado ¿no?

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