Ya lo sé, ya lo
sé, soy un completo y absoluto desastre. Pero en mi defensa diré que han sido
de los peores meses de mi vida, y para qué ir de maripenas y preocupar al
entorno, que para eso ya está la familia y mi chico, ¡Qué pobres! La que les ha
caído conmigo… Además supongo que tampoco quería reflejar en el blog la parte
mala de la experiencia, y para ser sinceros del todo, lo que me apetecía era
descansar, estar metida en la cama con el edredón hasta la cabeza y despertarme
volviendo a tener como unos 8 años.
En fin, en estos
meses me ha pasado de todo, pero por fin puedo decir que empiezo a ver las
cosas con perspectiva, ya no me hace todo llorar y he recuperado en parte mi
sentido del humor. Supongo que estoy a mitad de camino, de dónde sea que me va
a llevar esto.
Que hayan sido
tan malos es en gran medida culpa mía por la actitud con la que me he ido
enfrentando a las cosas, y en parte por cómo ha ido saliendo todo. Es verdad
que no siempre, por no decir casi nunca, salen todo como esperamos, planeamos o
buscamos. En mi caso este año ha estado cargado de demasiadas experiencias y
todas a la vez, como no podía ser de otro modo. Espero que este Ramadán, además
de para descansar y escribir en el blog, me sirva para aclarar mi mente, mi
corazón y mis prioridades, y empezar a actuar de modo consecuente, porque la
realidad es que no soy feliz, y lo tengo todo para serlo, así que algo no estoy
haciendo bien.
Y para dejar
pensamientos profundos a parte voy a ver si os voy poniendo al día de lo que ha
ido sucediendo por el desierto en estos meses, que por suerte he ido tomando
notas…
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