Como habréis podido observar en Eid no me dió tiempo a actualizar, y lamento comunicaros que hoy tampoco me dará mucho tiempo, intentaré hacer una entrada que recoja mis últimos días...
La vida aquí resulta cansada y estresante, bueno la verdad es que ese adjetivo no pega con la vida aquí, es un stress relativo. A ver si me explico: la lentitud con la que va todo hace que los días pasen sin que te des cuenta y tengas la sensación de que no has hecho nada, y encima ni siquiera hayas podido disfrutar de algo de tiempo libre. Por eso me voy dando cuenta de que llevo más de un mes aquí, y me quedan algo más de tres semanas para volver a pisar la madre patria, sin tener claro lo que hago, lo que he aprendido ni a dónde me lleva todo esto.
Pero, pasemos a cosas más interesantes y menos filosóficas.
El viaje a India fue interesante, visitas a templos incluidas. Estuvimos en un templo Hare Khrisna y nos enseñaron a rezar con el japa mala, una especie de rosario con 108 cuentas con él que se repite el mantra. Los oficios religiosos allí son completamente diferentes y en ocasiones, dada mi propia incultura unida a mi curiosidad, me sentía un poco fuera de lugar. Supongo que lo mismo pensarían ellos de dos europeas vestidas a la europea (valga la redundancia) mirando dónde pisaban con sus pies descalzos y sintiéndose axfisiadas por la muchedumbre, el calor y el estado de éxtasis que se llega a alcanzar. De ahí que se hicieran fotos con esos dos bichos raros en los que nos convertimos por unas horas. Supongo que es el momento en el que más cercano te puedes llegar a sentir de un pueblo, su momento de rezo. En todo caso India me ha servido para ser más agradecida por todo lo que tengo y lo que soy, por las oportunidades que me ha dado la vida, y para comprender lo injusta que puede llegar a ser ésta en ocasiones. En los momentos (pocos) en los que era capaz de mirar con frialdad esas calles llenas de familias sin un techo bajo el que cobijarse, podía llegar a percibir momentos de la vida cotidiana: niños jugando, disfrutando de su infancia, riendo, entre la basura; conversaciones entre hombres y mujeres de esas en las que te enfrascas tanto que pierdes el espacio y el tiempo que pasa a tu alrededor; sonrisas; colores; vestidos; pies descalzos... Triste o no no están frustrados, son conscientes de que su lugar es ese, sin más aspiraciones, sin más problemas en su vida cotidiana... En otros momentos simplemente me hubiera quedado en el hotel, tratando de no pensar, metida en mi bañera con agua caliente y procurando no lavarme los dientes con agua del grifo porque mi estómago occidental no es capaz de soportar el agua hindú. En fin, complicado explicar en unas líneas lo que se siente en India...
Mi cumpleaños fue algo caótico pero bastante divertido, estuve bailando salsa en un bar cubano, me dedicaron mi salsa favorita y el cantante de la orquesta me sacó a bailar y hasta me propuso protagonizar su nuevo videoclip con la excusa de que justo están buscando alguien con mi perfil (mujer latina pero con rasgos árabes). Aunque aún no me hago a la idea de haber cumplido los 30, y sobre todo de no estar rodeada de mi gente...
Y por último la feria. Esa prueba de fuego en la que me he defendido, creo que bastante bien, y que espero que realmente nos sirva como un antes y un después a nuestra vida caótica. Toques de atención desde España incluidos, lo hemos pasado bien, hasta que ayer descubrimos que lo hemos perdido todo. Destruyeron nuestro stand con catálogos, muestras, cosas personales... No voy a hablar del disgusto que tenemos encima y de como me siento, os lo podéis imaginar. Veremos lo que ocurre durante el mes de diciembre...
La vida aquí resulta cansada y estresante, bueno la verdad es que ese adjetivo no pega con la vida aquí, es un stress relativo. A ver si me explico: la lentitud con la que va todo hace que los días pasen sin que te des cuenta y tengas la sensación de que no has hecho nada, y encima ni siquiera hayas podido disfrutar de algo de tiempo libre. Por eso me voy dando cuenta de que llevo más de un mes aquí, y me quedan algo más de tres semanas para volver a pisar la madre patria, sin tener claro lo que hago, lo que he aprendido ni a dónde me lleva todo esto.
Pero, pasemos a cosas más interesantes y menos filosóficas.
El viaje a India fue interesante, visitas a templos incluidas. Estuvimos en un templo Hare Khrisna y nos enseñaron a rezar con el japa mala, una especie de rosario con 108 cuentas con él que se repite el mantra. Los oficios religiosos allí son completamente diferentes y en ocasiones, dada mi propia incultura unida a mi curiosidad, me sentía un poco fuera de lugar. Supongo que lo mismo pensarían ellos de dos europeas vestidas a la europea (valga la redundancia) mirando dónde pisaban con sus pies descalzos y sintiéndose axfisiadas por la muchedumbre, el calor y el estado de éxtasis que se llega a alcanzar. De ahí que se hicieran fotos con esos dos bichos raros en los que nos convertimos por unas horas. Supongo que es el momento en el que más cercano te puedes llegar a sentir de un pueblo, su momento de rezo. En todo caso India me ha servido para ser más agradecida por todo lo que tengo y lo que soy, por las oportunidades que me ha dado la vida, y para comprender lo injusta que puede llegar a ser ésta en ocasiones. En los momentos (pocos) en los que era capaz de mirar con frialdad esas calles llenas de familias sin un techo bajo el que cobijarse, podía llegar a percibir momentos de la vida cotidiana: niños jugando, disfrutando de su infancia, riendo, entre la basura; conversaciones entre hombres y mujeres de esas en las que te enfrascas tanto que pierdes el espacio y el tiempo que pasa a tu alrededor; sonrisas; colores; vestidos; pies descalzos... Triste o no no están frustrados, son conscientes de que su lugar es ese, sin más aspiraciones, sin más problemas en su vida cotidiana... En otros momentos simplemente me hubiera quedado en el hotel, tratando de no pensar, metida en mi bañera con agua caliente y procurando no lavarme los dientes con agua del grifo porque mi estómago occidental no es capaz de soportar el agua hindú. En fin, complicado explicar en unas líneas lo que se siente en India...
Mi cumpleaños fue algo caótico pero bastante divertido, estuve bailando salsa en un bar cubano, me dedicaron mi salsa favorita y el cantante de la orquesta me sacó a bailar y hasta me propuso protagonizar su nuevo videoclip con la excusa de que justo están buscando alguien con mi perfil (mujer latina pero con rasgos árabes). Aunque aún no me hago a la idea de haber cumplido los 30, y sobre todo de no estar rodeada de mi gente...
Y por último la feria. Esa prueba de fuego en la que me he defendido, creo que bastante bien, y que espero que realmente nos sirva como un antes y un después a nuestra vida caótica. Toques de atención desde España incluidos, lo hemos pasado bien, hasta que ayer descubrimos que lo hemos perdido todo. Destruyeron nuestro stand con catálogos, muestras, cosas personales... No voy a hablar del disgusto que tenemos encima y de como me siento, os lo podéis imaginar. Veremos lo que ocurre durante el mes de diciembre...