jueves, 18 de julio de 2013

Accidente (I)

Ya han pasado tres meses y medio desde que me despedí de vosotros, tres meses y medio como siempre cargados de experiencias, pero sobre todo cargados de frustración. No sé por qué, pero hoy repasando el blog me he dado cuenta de que mi frustración alcanza su plenitud cuando me encuentro en Dubái. Me ha pasado de todo, y es hoy y sigo planteándome si he hecho bien en venir. No es que exista otra alternativa, así que plantearme eso es ser del género bobo, pero no puedo evitarlo. Por otra parte mi mega profesionalidad (la misma que hace que esté escribiendo esta entrada en horas de oficina, ¿captáis la ironía?), me impide huir y dejar algo a medias. Los que me conocen bien saben que puedo tardar en hacer las cosas, y que me cuesta poner puntos finales, pero que procuro terminar todo aquello que empiezo.
En fin el título del post apunta a que hay  más partes, y sí, es así, hay más partes, porque hay otro accidente, y porque, cuánto más tiempo pase aquí me temo que más posibilidades habrá de accidentes…
Conseguí encontrar casa (tras muchos problemas a los que ya dediqué un post), y el día que dejaba el hotel y acudía por primera vez a la oficina medianamente satisfecha conmigo misma, y sin lágrimas en los ojos como si fuera al matadero, tuve un accidente de coche. Justo hacía dos semanas que había salido de España, y todo se me vino encima… No me pasó nada, ni siquiera saltó el airbag, pero el disgusto fue enorme. Nunca había tenido un accidente en mi vida (salvo una pequeña abolladura que un señor muy rico y muy católico, con un Mercedes muy grande, me hizo porque se despistó mirando la preciosa iglesia de San Benito), y tenerlo en ese preciso instante me hizo sentirme completamente desprotegida. A lo mejor tengo que poneros en precedentes...
Inciso: llevaba dos semanas luchando contra los elementos y contra mis propios sentimientos, pensando que estaba en el lugar equivocado en el peor momento posible. Esta despedida ha sido sin duda la más dura de todas, ya no sólo por la nueva persona que ha aparecido en mi vida para llenar un espacio que yo no sabía que se pudiera llenar así, si no porque cómo dije en post anteriores estaba bien y tranquila. Es verdad que no tener trabajo me había hecho mella, y que realmente lo necesitaba, pero tenía muchas cosas muy buenas que ya había aprendido a valorar, no necesitaba alejarme, y mucho menos ahora, 4, 5, 6 meses antes, un año sí, pero ahora me parecía injusto. Llegué a Dubái y en principio en la empresa me pusieron las cosas fáciles, me dieron la semana libre para buscar casa y me adelantaron dinero para el depósito. Pero no es fácil encontrar casa en una semana, ni en terreno conocido, ni en terreno desconocido. Me he dado cuenta de que el otro Dubái que viví nada tiene que ver con este nuevo, en el que una mujer sola tiene que luchar contra los elementos para ser oída, ya no escuchada. He firmado más papeles en estos casi dos meses que en todos mis 32 años anteriores, y he de decir, quedando como una gilipollas por otra parte, que en ocasiones no sabía lo que firmaba. Bien porque estaba escrito en árabe, bien porque me he visto presionada (por el tiempo, por las maneras, por la necesidad...), bien porque me han ocultado lo que ponía. Niños, no firméis nada sin leerlo antes. De momento mis firmas no han tenido consecuencias, aunque no es menos cierto que puedo haber firmado que antes me llamaba Manolo y conducía un camión.

Terminado el inciso volvemos al lugar del crimen. El accidente no fue grave y le puede pasar a cualquiera que conduce y al parecer mucho más si se trata de un vehículo automático (de eso me he enterado después...): dos coches por delante del mío frenaron en seco a la salida de un semáforo, y a la moi no le funcionaron los frenos y se empotró con un Mitsubishi Pajero. Así que me puse a temblar como una hoja, me dio un ataque de ansiedad y me puse a llorar como una Magdalena... Triste pero cierto. ¿Por qué? Primero supongo que lo necesitaba, mi dosis de lágrimas para entonces era como una droga y tenía que llorar todos los días un poquito… También me quitó un montón de todo el stress acumulado a lo largo de esas dos semanas, me sirvió para darme cuenta de que podía haber sido peor, y sentir miedo por momentos porque no tenían modo de avisar a nadie de lo que me había pasado, y sobre todo me sentí sola. Creo que eso fue lo peor del momento. Llevaba sintiéndome sola muchos días, pero el accidente vino a confirmarlo: estaba sola. ¿A quién llamar? ¿A quién acudir? ¿A Reza (mi amigo iraní que se ha portado como un campeón dejándome dormir en su casa una noche cuando la empresa me dejó en la calle…), a Karo que está en otro emirato trabajando? ¿A mis padres cuando eran las 6 de la mañana en España? ¿Que tenía que hacer en caso de accidente? ¿Llamar a la policía, a mi empresa, a la empresa de alquiler del coche? ¿Rezar lo que supiese para que el dueño del Pajero no fuese un local? ¿Encomendarme a  Allah y a su séquito de vírgenes? Como en todas las historias al final todo pasa por la solución más fácil. No me había pasado nada y recordé las palabras que mi muy querido jefe me había dedicado el jueves anterior durante una bronca: “Si necesitas cualquier cosa llama al jefe de logística y no me molestes con tus quejas” (ya contaré esta bronca telefónica también). Le llamé y estaba en un atasco y poco podía hacer por mí, mientras el padre y la hija contra los que me había empotrado llamaban a la policía. Finalmente uno de los chóferes de la empresa vino a buscarme, me trajeron una botellita de agua y comencé a calmarme. El dueño del otro coche resulto ser muy agradable y además cliente de mi empresa. Me pusieron una multa por no respetar la distancia de seguridad, que no tenía ni tiempo, ni ganas, ni opción de recurrir, y cómo le di pena al policía sin necesidad de sacar mis dotes de negociadora me redujeron la multa al 10% de lo que tendría que haber pagado (40 euros en lugar de 400). 

miércoles, 17 de julio de 2013

Búsqueda de piso

Decir en primer lugar que la búsqueda de piso en cualquier parte puede ser bastante frustrante, ya he tenido que buscar en otras ocasiones y siempre barajas, al menos, tres variables: localización, estado y precio. Normalmente las tres están directamente relacionadas, es decir, a mejor localización y mejor estado, mayor precio, pero normalmente tienes que quedarte con dos de ellas y la otra desecharla, así si buscas buena localización y precio es estado será deplorable, y si te quedas con precio y estado la localización no será la que buscas. Eso por supuesto también se cumple en Dubái. 
Cómo buena estadística que soy, doy peso a cada una de las variables, así por ejemplo como es éste caso el mayor peso lo tiene el precio, después el estado y después la localización. Y aquí es dónde ésta estadística se equivoca… En Dubái no sólo es importante la localización, también lo es el factor atasco. Por ejemplo, en mi caso, he encontrado un piso a 9 minutos de mi trabajo, en unas condiciones aceptables y pasándome del presupuesto que tenía 200 euros al año, peeero que por un giro sorprendente de los acontecimientos (a alguien más ducho en territorio emirati no le parecería tan sorprendente) hace que tarde cerca de una hora en ir y otra en volver a casa, y que está como he dicho en otras ocasiones en el hermano pobre y feo de Dubái, Sharjah.
¿Qué significa vivir en Sharjah? Aparentemente nada, hurgando una miaja (que dirían en mi pueblo) te das cuenta de que sí, sí hay diferencias. Pero eso lo trataré otro día, hoy este post va de la búsqueda de piso.
En primer lugar os pondré al día de cómo se busca un piso, tenemos 3 opciones:
  1. Internet, periódicos o similares
  2.  Amigos
  3. Pasearte buscando piso

Nada especialmente diferente de como se hace en nuestra tierra, pero la diferencia importante está en la tercera opción. En Spain, eliges zona y te la pateas y empiezas a llamar a teléfonos en aquellas casas en las que ves colgado un cartelito de “se alquila”, o bien, en ciudades como Madrid o Barcelona, o zonas especialmente pijas de provincias hablar con el portero de turno cuando al cartelito le acompaña un “razón portería”. 
Muy bien, aquí directamente tienes dos opciones, pasearte y llamar a números gigantes que aparecen en los edificios para ver si hay alguno libre (sí amiguitos, edificio por edificio) y cambiemos patear por ir en coche; o mantener conversaciones absurdas con los porteros de los edificios. No hay un cartel de se alquila, y ese número suele pertenecer a una compañía que tiene varios edificios y casualmente en el que tú estás aparcada no hay ninguno libre, pero uno en la otra punta de la ciudad tiene justo un piso con las características que tú estás buscando, pero al que se complica hasta el infinito llegar a él.
Pero iré despacio y no adelantaré acontecimientos. En la empresa me lo pusieron fácil en principio. Me dieron la semana libre y un teléfono móvil para buscar casa. Debería haber buscado una habitación en un piso compartido, pero creo que si lo hubiera hecho ahora mismo estaría preparando las fiestas de la Magdalena, y no aquí. Hubiera tirado la toalla hace tiempo.
El caso es que en mi afán de conseguirlo todo por el módico presupuesto que me daba la empresa para la casa (uno de mis errores de cálculo imperdonables y olvidando la idea con la que abría este post), me lancé a la conquista de un hogar. Primero busqué por internet algo amueblado y cerca del trabajo (sin conocer la zona en la que trabajo). Se salía del presupuesto. Aumenté el radio de acción y encontré una zona perfecta: pisos amueblados, bastante asequibles y no muy lejos del trabajo. ¡ERROR! Esa zona está al lado del centro comercial favorito de mi madre, bueno el segundo, un megamall de chinos (aviso a navegantes, los únicos chinos que encontraréis en Dubái están aquí), y con un tráfico horrendo (recordemos, variable tráfico importante). El caso es que allí me encaminé. En si la zona no está mal y las casas a lo lejos, de colorines y con pinta de urbanización están bien, hasta que te acercas, y hasta que las ves por dentro… Entre los olores y el estado de las calles… En fin, salí huyendo. No sin antes dar la oportunidad a un par de casas… Ratas chicos, vi ratas y en Dubái no hay ratas, hay cucarachas, pero no hay ratas. Sólo he visto ratas en esa zona. Imaginaos cómo es que me llevo un chófer de la compañía (aún no me habían dado mi coche de alquiler) y le dije que no se preocupara que ya si eso me cogía un taxi, y me dijo que no me dejaría sola. Pero eh, soy una mujer moderna, puedo con eso… En fin, primer día, desastre. No nos desanimemos, tenemos la semana por delante…
Descartada esa primera zona pasamos a la segunda, lejos de coj… Muy muy lejos. Cerca de dónde se va a trasladar la oficina, pero lejos de ésta en la que trabajo ahora y lejos de cualquier asentamiento humano. Estudios monísimos y muy de diseño y mucho occidental, en mitad de ninguna parte. Nada en kms. En un futuro una zona residencial del copón. Yo creo que cuando los simios dominen el planeta, dada la caída bastante importante que veo en la construcción desde que estuve la vez anterior. En fin, va a ser que no, y ya estamos a miércoles…
Mi jefe a todo lo que le comentaba de los pisos me decía: genial, buenísima zona. Y lo mismo mis compañeros, una gran ayuda… Por fin mi jefe me da otra idea entre la zona de las ratas y la desértica. Bieeeen Bollywood! Aparte de perderme en varias ocasiones, los pisos un desastre en una zona digamos que especial, para terminar yendo a ver un piso a la zona de las ratas, ¿por qué? Porque cómo ya he comentado en otras ocasiones a veces parezco rubia y nueva, y soy una bienqueda. Miércoles que ha pasado y seguimos sin piso, y además ni la más remota idea de dónde buscar. Informaré para el que no lo sepa que el jueves es el último día de la semana laboral, y el viernes no hay oficinas.
Jueves y me encuentro en una encrucijada. No quiero que me den más días libres, ya me siento suficientemente mal, ni quiero seguir en el hotel que les está costando una pasta y en el que además yo estoy incómoda. Me planteo volver al desierto y me dan 2 plantones, y un piso que me convencía más o menos ya se lo han dado a otro. Ahhh y a eso podemos sumarle mi incapacidad para comunicarme con los hindúes por teléfono, así que es posible que no me dieran plantón y yo hubiese entendido mal todo.
El viernes me recorro una zona completamente nueva para mí y cerca del trabajo recopilando teléfonos. El sábado me dedico a llamar y a desesperarme porque no hay nada libre. Y el domingo llego estresada y triste a trabajar y diciéndole a mi jefe que no he encontrado nada. Me mira con cara de pocos amigos y diciéndome que no entiende como en una semana no he encontrado casa. Cómo un favor personal decide compartir conmigo una información mega secreta y que al parecer hasta ese día no le pareció importante comunicar, en el edificio justo enfrente de la oficina hay estudios por el valor que él ha tenido a bien darme y le han comentado la semana pasada que hay pisos libres… Pedazo de mamón, y no puedes decírmelo antes que me has visto desesperada mirando internet y llamando. Bueno, me encamino y resulta que sí, que hay pisos libres, pero que pertenecen a la compañía Emirates y son para azafatas y pilotos. De esto me enteré por el tercer portero, los otros dos parecían incapaces de comunicarse más allá del “yes ma’am” “no ma’am”. Vale, me voy a Sharjah y que sea lo que Dios quiera. Tras una llamada un tanto impertinente de mi jefe diciéndome lo mucho que había hecho la empresa por mí y que hiciese el puñetero favor de coger una casa ya, encontré mi apartamento, o me conformé con él por miedo a futuras represalias, eso no lo sabremos... Pero los problemas que yo creía resueltos no habían hecho más que empezar…

Pero este post ya ha quedado suficientemente largo así que lo contaré en otra ocasión, al fin y al cabo este iba de la búsqueda de piso y ya lo he encontrado ¿no?

lunes, 15 de julio de 2013

Comidas

He de decir para aclarar las cosas  que tenemos una hora y media para comer (ahora no, que es Ramadán y ayunan y tenemos un súper horario que me permite ir a mi apartamento y hasta dormir la siesta y todo), pero se come por grupos étnicos y por niveles. Cómo yo estoy en un nivel que no sé muy bien cómo definir, y en un grupo étnico individual, por decirlo de algún modo, pues he ido cambiando. Empecé comiendo sola en lugares perdidos durante mi búsqueda de piso (siguiente post, prometido), seguí comiendo sola en el centro comercial cercano a la empresa aprovechando a hacer las primeras compras esenciales, después comía sola dando una vuelta a los alrededores, o no comía directamente, y después llegó mi señor padre a echarme una mano y me iba a casa a comer. Cuando quise darme cuenta estaba volviendo del viaje a Colombia y Chile, habían pasado dos meses y medio y no había dado la oportunidad a ninguno de los sectores, ni a ninguno de los grupos étnicos, de comer conmigo. Por otra parte no me daba tiempo a volver a casa y preparar la comida, y si la tenía preparada, irme hasta casa y comer sola y luego volverme a trabajar me parecía deprimente. A lo que además hay que añadir que empezaba a hacer algo de calor para pasearse a la solana en el Mordor hindú que me rodea. En fin, que como la idea de comer con el grupo Bollywood no me llamaba (soy muy especial para los olores) y los jefecillos y ejecutivos desaparecen sin dejar rastro, la idea más mejor es el grupo tagalo.

Me aburro como una ostra, así que en ese momento aprovecho a comer deprisa, jugar a triviados, y hablar por whatsapp con quién esté en ese momento conectado. Os pongo en situación: Recordáis que os hablé del alcalde de la zona amigos, pues es filipino, y es el único chico que come con las niñas. Le ignoran, no en la misma medida que a mí, que soy una mezcla extraña y sorprendente para ellos, así que el pobre me mira, sonríe y suspira por ellas. Dos son hermanas y se pasan la comida viendo videos y las otras dos deben de ser muy amigas y se cuentan muchas bromas y chistes y se ríen mucho. Yo trato de ser amable y establecer conversación pero de momento no lo he conseguido, y ahora con el Ramadán se van a enfriar esas mini relaciones, ya veremos después. Inciso: K es de las que desaparecen y últimamente además llega muy tarde después de comer.

sábado, 13 de julio de 2013

Grupos oficineros (I): Sector tagalo

Supongo que de este post habrá segundas partes una vez que coja algo más de confianza con las filipinas y me cuenten más cosas. Creo que estoy cerca, porque antes de ramadán K me contó que estaba con la regla, así que estamos llegando a ese punto de confianza entre mujeres.
Os presentaré a mis compis tagalos para poneros en situación:
Tenemos a K, ya mencionada anteriormente, y que al respecto del título de la entrada tiene un pelo muy largo muy largo y sin ningún tipo de corte, llega todos los días con el pelo húmedo y se lo peina y se lo requetepeina durante todo el día.
Está la fotógrafa, que se acaba de quedar dormida delante del ordenador, que sería la segunda secretaria por detrás de K. Muy simpática, pero un desastre en cualquier cosa que no tenga que ver con la fotografía y el tratamiento de imágenes, que es un hacha.
Luego tenemos a dos hermanas, una de ellas que siempre, siempre, siempre me saluda y se despide, y me pregunta como estoy, la pobre empezó como un mes antes que yo y es un encanto (por cierto se llama como la hermana de mi abuelo materno). La otra hermana tiene nombre de marca de atún en lata y no me ha dirigido la palabra en todos los meses que llevo aquí (y sí mamá, yo la he saludado y le he preguntado cosas, pero ya me cansé).
Y para rematar con las féminas: está la niña de la puerta, que tiene nombre de telenovela y también es encantadora.
Y tenemos a dos chicos: el alcalde de la zona amigos, un encanto, el típico amigo encantador que siempre ayuda, que además se apellida cariño, ¿no es ideal? Me ayuda mucho con los temas de la página web y la informática. Y otro, que no sé cómo se llama y que me ha costado un triunfo y muchísimas sonrisas mañaneras conseguir que me devuelva una sonrisa parecida a la de Sheldon de The Big Bang Theory. No os preocupéis, indagaré y conseguiré saber quién es y a qué se dedica, dadme tiempo.
Todas, absolutamente todas las filipinas tienen una obsesión con el pelo que ralla la enfermedad. De hecho aquellos que habéis compartido vivienda conmigo sabéis lo muchísimo que se me cae el pelo, sobre todo cuando lo llevo largo (o a lo mejor es que se nota más cuando lo tengo largo). Hay quién en un grado de exageración elevado me ha dicho que se ha encontrado pelos míos después de tres mudanzas… En fin, esto venía porque la oficina está llenísima de pelos muy muy muy largos y morenos, y de verdad que es mucho peor que vivir conmigo. Ni que decir tiene que mi corte las dejó patidifusas… Las encanta, pero ninguna lo llevaría.
Todas tienen en su mesa o en sus cajones peines, y se pasan muchas horas cepillándose. Mi señora madre dice que debe ser porque tener el pelo liso para ellas es muy importante, es posible, cuando lo averigüe os lo haré saber. Las más jóvenes y solteras es cierto que no lo llevan tan largo, ni se lo peinan tanto. En un país dónde el estado civil es tan importante, es un dato a tener en cuenta.
Al lado del sector tagalo me siento el gigante verde. Con tacones (muy altos) me llegan a la altura del hombro (las más altas) y siguen siendo una cultura completamente desconocida para mí. Creo que esa mezcla que tienen asiática y española es una bomba de relojería. 

viernes, 12 de julio de 2013

Entorno oficinero

Por si algún día alguien de mi empresa, o a algún cliente latinoamericano llega a este blog no diré para qué empresa trabajo y tampoco daré pistas ni nombres, la mayoría de vosotros lo sabéis y con eso basta.
Por fin voy a cumplir de verdad uno de los puntos de los que hablo en mi curriculum, capacidad para trabajar en entornos multiculturales. Es la primera vez que me enfrento a un entorno laboral en el que no hay ningún occidental, de hecho es la primera vez que no trabajo con ningún español o castellano parlante. Diréis: “Genial para tu inglés”. Pues la verdad es que no por dos razones. Una porque me relaciono poco, y dos porque en la mayoría de los casos trabajo con Latino América o con papeles en castellano o traduciendo. En fin, que me desvío, las secretarias son en su mayoría filipinas, la gente de ventas senior y los jefes son de Oriente Medio, el superjefe es libanés, y el resto muchos muchos hindúes.  Supongo que cada uno de los grupos se merece su post aparte, pero estudiaremos a los principales actores en este.
K no me lo ha puesto nada fácil, pero creo que al final me la he ganado. Tras un par de emails incendiarios y muchas muchas lágrimas por mi parte, no delante de ella, eso nunca, y muchísima ironía que no es capaz de captar la mayoría de las veces, ahora es más una ayuda que una piedra en el camino. K es la secretaria ejecutiva de la empresa, y la que más controla de todo, pero tiene un carácter especial.
Luego tenemos al jefe (no superjefe, mi jefe inmediato y socio de la empresa) que es de Iraq. No nos entendemos. La comunicación tiene fallos importantes entre ambos. Nunca sé si hago algo en el momento preciso, de hecho la mayoría de las veces tengo la sensación de llegar pronto o tarde. Si voy con un problema se lo quita de encima, pero si se entera después de algo que he solucionado por mi cuenta debería habérselo comentado. Gente que he conocido aquí me ha comentado que tratar con iraquíes es complicado, supongo que lo mismo pensarán ellos de los españoles ¿no? Son un poco los alemanes de Oriente Medio, cuadriculados y se empeñan en meterse en otros países, pero, por suerte o por desgracia, no tienen la capacidad de Alemania en Europa, ese papel yo se lo asignaría a Arabia Saudita. Pero vuelvo a desviarme. Viaja mucho y casi nunca está, pero sus emails a deshoras son trending topic.
Superjefe es ese ente inaccesible pero omnipotente. Es la única firma que sirve para TODO en la empresa, y cuando digo TODO es TODO, desde nóminas a envíos a clientes pasando por servicios de toda clase que necesite la empresa. Es decir, necesitamos un paquete de folios más pues hay que esperar a que superjefe vuelva de viaje o salga de reuniones o lo que sea que esté haciendo para que firme. Como anécdota: Se supone que la empresa se encargaba de mi casa, una de tantas cosas en las que he pecado por confiada y por no ser pesada. En fin, el caso es que al final lo que tenía era una parte de mi sueldo destinada a la vivienda, y cómo suelen hacer en este país la empresa ha adelantado todos los cheques de un año para mi casa (en otro post explicaré cómo va lo de la vivienda en el desierto). Cómo no vivo en Dubai, si no en el emirato que es su hermano pobre, Sharjah, la ley aquí es diferente para la vivienda. El caso es que necesitaba la firma del superjefe no sólo en los cheques si no en el alquiler de mi apartamento. Desde que me decidí por mi super apartamento, un domingo, hasta que conseguí tener todas las firmas que necesitaba pasaron ¡2 SEMANAS! En su defensa diré que todo el mundo dice que es muy agradable y en la foto de su pasaporte parece majetón. Aún no le conozco en persona.
Y luego tenemos al jefe de logística, un hindú super agradable al que si le pides las cosas con una sonrisa o llena de lágrimas te atiende con una capacidad que no había visto en ninguno de sus compatriotas hasta ahora. Suele ser mi última opción cuando nadie me hace caso, ¿por qué? os preguntaréis, pues porque soy tonta, que estoy segura de que él me solucionaría todo enseguida, pero bueno, en ocasiones parezco rubia y nueva.
Ya seguiré presentando a mis compis de curro, que tenemos de todo, de todos modos me he dado cuenta de que los entornos oficineros son iguales independientemente de la cultura: tienes al pobre que es alcalde la zona amigos que suspira porque una de las niñas le diga algo; tienes a la estupenda de la muerte que la pobre mete mucho la pata, pero que en este caso es un encanto; tienes a la seria y profesional, tienes a la hija de la grandísima p…, el jefe capullo, el jefe simpaticón…

jueves, 11 de julio de 2013

3 meses y 9 días después

Ya lo sé, ya lo sé, soy un completo y absoluto desastre. Pero en mi defensa diré que han sido de los peores meses de mi vida, y para qué ir de maripenas y preocupar al entorno, que para eso ya está la familia y mi chico, ¡Qué pobres! La que les ha caído conmigo… Además supongo que tampoco quería reflejar en el blog la parte mala de la experiencia, y para ser sinceros del todo, lo que me apetecía era descansar, estar metida en la cama con el edredón hasta la cabeza y despertarme volviendo a tener como unos 8 años.
En fin, en estos meses me ha pasado de todo, pero por fin puedo decir que empiezo a ver las cosas con perspectiva, ya no me hace todo llorar y he recuperado en parte mi sentido del humor. Supongo que estoy a mitad de camino, de dónde sea que me va a llevar esto.
Que hayan sido tan malos es en gran medida culpa mía por la actitud con la que me he ido enfrentando a las cosas, y en parte por cómo ha ido saliendo todo. Es verdad que no siempre, por no decir casi nunca, salen todo como esperamos, planeamos o buscamos. En mi caso este año ha estado cargado de demasiadas experiencias y todas a la vez, como no podía ser de otro modo. Espero que este Ramadán, además de para descansar y escribir en el blog, me sirva para aclarar mi mente, mi corazón y mis prioridades, y empezar a actuar de modo consecuente, porque la realidad es que no soy feliz, y lo tengo todo para serlo, así que algo no estoy haciendo bien.

Y para dejar pensamientos profundos a parte voy a ver si os voy poniendo al día de lo que ha ido sucediendo por el desierto en estos meses, que por suerte he ido tomando notas…