lunes, 27 de junio de 2011

Gracias Dubai

¡Ey!, estoy batiendo records, dos entradas en un mismo mes...
Fuera de coñas, esta noche me apetecía escribir algo... Prometí una entrada resumen de la experiencia en Dubai, bien, aquí va:
Ha sido interesante darme cuenta de todo aquello que he sido capaz de hacer, sobre todo el viaje a Omán, que significó un antes y un después, y la pena es que fuera tan al final de mi experiencia dubaití, aunque quizás fuera realmente el momento de que sucediera, porque antes no hubiera sido capaz de hacer ese viaje sola.
Marcharme no fue una decisión realmente complicada, igual que no lo ha sido la de volver a España. Me fui porque no me gustaba lo que tenía, y porque pensaba que mi realidad, o quizás simplemente mi percepción de la realidad cambiaría. Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que ha sucedido es lo segundo.
No ha sido fácil la estancia allí. Me fui con una serie de expectativas (quizás la palabra correcta no sea esa) que finalmente no se cumplieron. Cómo ya dije en la entrada anterior, no gané dinero, no tenía seguro médico, ni visado, ni contrato... ¿Locura? sí, pero era la salida que veía al momento anterior. No creo que hubiese seguido mucho más tiempo en Burgos, y marcharme a un país tan diferente me llamaba la atención sobre manera. He de decir que la aventura no ha salido tan mal como pensaba. Es cierto que ahora estoy sin paro y sin haber cotizado esos últimos 6 meses (que viendo como se están poniendo las cosas no puedo decir que haya sido una gran idea...), pero los retos que he ido superando han merecido realmente la pena. ¿Lo volvería a hacer? Creo que ya no. Ya lo he hecho, he hecho la última locura de la década de los 20 y ya cumplí 30. No voy a engañar a nadie y por supuesto no me voy a engañar a mi, si algo no soy es conservadora, es decir, cumplir 30 no implica que quiera coche, casa, marido, niños etc. Pero sí significa que me volveré a ir en el caso de que me ofrezcan algo que realmente me interese, y con las condiciones que a mi me satisfagan. Locuras las justas y cerca de casa. Gastarme todo el dinero que gané en el billete de avión del viaje a España en Navidad, o volver con los ahorros justos para invertirlos en mi aparato de los dientes estaba bien antes, ahora ya no. Quizás no haya hecho las cosas todo lo bien que debería y por eso me encuentro ahora en la situación en la que estoy, pero estoy realmente orgullosa de la persona que soy y de todo aquello que he hecho.
Vivir con Karo ha sido en ocasiones duro, pero siempre revelador. Ha sacado a una mujer paciente y madura que no sabía que habitaba en mi interior (en muchas ocasiones a alguien realmente serio que yo no pensaba que fuera), a alguien capaz de valerse por si mismo en muchas situaciones cuánto menos surrealistas y ha conseguido que hasta yo me sorprenda de la cantidad de recursos que he aprendido a utilizar, ha sido divertido y frustrante a la vez. Había aprendido tan bien a vivir sola que apenas recordaba lo que era tener compañera de piso, a lo que hay que añadir que era mi jefa y que trabajábamos en casa. Eso ha sido lo peor sin lugar a dudas: no contar con un espacio que considerara mi casa y a la cuál acudir una vez terminada la jornada de trabajo. Sí, cerraba la puerta de mi cuarto y veía aquella maravillosa vista desde el piso 33 de Sheikh Zayed Road, pero no era capaz de desconectar del todo. Sólo salía con ella, y lo hacíamos absolutamente todo juntas. Algún día haré una entrada sobre Karo si ella me lo permite porque es alguien único, capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada persona.
Las visitas de mis chicas me han ayudado muchísimo a pasar el trago, y compartir con mi gente aquella experiencia no ha tenido precio. De la visita de mi madre me quedo con sus interesantes intentos por comunicarse con la gente, y con la certeza de saber que si se queda un par de semanas más, consigue comunicarse con ellos mejor que yo. De la visita de Mary me quedo con nuestras salidas nocturnas viviendo Dubai la nuit y con su cara de alucinada cada vez que veía algo nuevo. De la visita de Pili con sus pesadillas con las mujeres con abaia y nuestras comidas y cenas, y la sorpresa con que veía mis dotes de persuasión y negociación recientemente adquiridas.
Y de Dubai me quedo con su gente, la amalgama de pueblos, y la capacidad de sorprenderme.
Esta estancia me ha dado la oportunidad de conocer nuevos países y un nuevo empleo. He conocido gente de culturas completamente diferentes y he descubierto que aunque me encanta viajar, aún me gusta más volver a casa. ¡Gracias Dubai!

lunes, 20 de junio de 2011

resumen...

Que cuando comencé a escribir a escribir el blog no iba a ser del todo constante era algo que debía de ser asumido por todos aquellos que me conocéis, pero la verdad es que no tengo vergüenza... Y prometo que no ha sido por falta de tiempo o ganas (bueno, de lo último sí que hay un poquito...), ha sido más por no saber como encarar la siguiente etapa. Quería que el blog continuara tras mi etapa en Dubai, de ahí el nombre, y tengo muchas cosas que contar, pero no encontraba el modo de continuar.
Toda esta parrafada no implica que por fin se hayan abierto las nubes y el camino de aquí en adelante esté iluminado con luces rosas. No. Esto sólo implica que estoy preparada para volver a blogosfera, contar el final de la etapa anterior y el comienzo de esta nueva en la que estoy inmersa. Bueno, más que comienzo estoy en una etapa de entreguerras, en la que no puedo decir que no suceda nada, pero en la que mi vida no está completa (aunque pensándolo bien... ¿cuándo lo ha estado?).
Estoy feliz de haber regresado, contenta porque me he dado cuenta de muchas cosas que era incapaz de ver: que estoy rodeada de gente genial que me quiere y me aprecia por ser como soy, que por muy lejos que me vaya siempre tengo un lugar al que regresar, y que, lo más importante de todo, no sé como ha sido ni en que momento ha sucedido pero encajo completamente en mi vida. Lo único que me falta para ser completamente feliz es... por favor redoble de tambores... un trabajo. Y tengo que recordarme todos los días lo feliz que soy a excepción de esa pequeña e ínfima molestia, porque empieza a pesar como una losa sobre mi espalda. Necesito trabajar, necesito llenar mis días haciendo algo útil, ganando dinero y volviendo a recuperar las riendas de mi vida económica y social. Necesito mi espacio.
Mi estancia en Dubai... Enriquecedora, interesante y frustrante a partes iguales. He vivido en un país culturalmente diferente, me he relacionado con todo tipo de personas y he aprendido a valorarme personal y profesionalmente. Pero no he ganado dinero (en contra de lo que muchos de vosotros pensáis), y ahora que he vuelto tengo la sensación de que he dado varios pasos hacia atrás a nivel profesional. Es muy cierto que no podía continuar cómo estaba el año pasado, pero al menos estaba estancada. Ahora estoy sin nada, hoy mismo he presentado mi candidatura a IKEA para trabajar en el almacén. No hay nada, no me llaman ni siquiera para hacer una entrevista, el trabajo pendiente con la anterior empresa está completamente parado y si lo pienso seriamente ni siquiera me gusta y no hay absolutamente nada en el horizonte. Y algo a lo que he tenido que enfrentarme hace poco es al hecho de que no me quiero ir lejos. Lo cuál, aplicando el corolario que ha estado presente a lo largo de toda mi vida, implica que seguramente deba alejarme de nuevo. No es que haya superado mi fobia al compromiso, que va a ser que no, es simplemente que estoy a gusto, que me gusta mi ciudad y la gente que me rodea, que disfruto de una vida social estupenda, que he descubierto que aquí puedo ir al teatro y al cine y a conciertos, que Madrid está a un paso y que aún me queda mucho que disfrutar, muchas exposiciones que ver y mucha gente con la que compartirlo todo.
Pero si tengo que irme no se me van a caer los anillos volveré a hacer maletas, preparar documentación y descubrirme interpretando nuevos papeles para los que jamás pensé que estaría preparada...
En próximas entradas el viaje de vuelta de Dubai, hoy simplemente necesitaba poner mis pensamientos en orden...